En el año de 1882, la educación primaria en México tomaría mayor importancia, se recapitularía sobre la responsabilidad del estado de proporcionar educación básica a todos los mexicanos para lograr la democracia y la unidad nacional. Para asegurar el carácter obligatorio de la enseñanza, la Ley de 1888 establecía 2 escuelas de instrucción elemental: una para niños y otra para niñas o una sola mixta por cada 4mil habitantes. Varones y mujeres debían ir a la escuela de los 6 a los 12 años de edad.
En el mismo año que fue 1882, fue el congreso higiénico pedagógico, que relacionaba el aspecto educativo con el higiénico. Participaron médicos y maestros, quienes discutieron sobre las condiciones higiénicas que debían tener las escuelas primarias, como debía ser el mobiliario escolar higiénico y económico, que requisitos debían cumplir los libros y los útiles escolares para que no afectaran la salud de los alumnos. Una de las resoluciones que se tomaron fue que las escuelas públicas no debían situarse en casa de vecindad, estas debían tener buenas condiciones salubres. El tono general de las resoluciones se inclinaba al aspecto de la salud física del niño más que al intelectual o moral. Debían practicarse ejercicios físicos que desarrollan los sentidos y las facultades y el método objetivo.
1888 resumió todas las ideas de educación que se tenían en ese entonces, las cuales se ampliaron al año siguiente con el Congreso de Instrucción, también ocasiono que se fuese centralizando la educación, dirigida también por los municipios, unió la enseñanza de la lectura y la escritura, suprimió la gramática para sustituirla por la lengua nacional y determino la enseñanza de la geometría separada de la aritmética; fue la primera norma educativa que sentó legalmente la obligatoriedad de la educación.
Un año después se inauguró el Primer Congreso de la Instrucción Pública con la idea predominante de lograr la unidad nacional. En la convocatoria se mencionaba que en todos los ramos de a administración, salvo en la educación, dominaba un espíritu de unidad nacional. Por ende era necesario que los estados, el distrito y los territorios federales uniformaran su legislación y sus reglamentos escolares. México siguió el ejemplo francés al tomar la gratuidad absoluta, la obligatoriedad y el laicismo de las escuelas publicas en 1881 y 1882.
Los congresistas apoyaron el criterio de Miguel Serrano y Ramón Manterola, quienes sostenían que el estado debía respetar la libertad de conciencia y libertad de culto. La comisión finalmente concluyo que la libertad de conciencia y la libertad de cultos obligaban a respetar, fuera de la escuela oficial, toda decisión de los padres sobre la educación de sus hijos, de tal manera que se respetaron las creencias de las escuelas particulares, siempre y cuando no atacaran a las instituciones.
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